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Domingo, 27 de marzo de 2005

El hogar esférico

Serie de artículos australianos (Melbourne 2002-04)

En este mes de Abril (este artículo fue escrito en 2003) se cumplirán 50 años ¡Sólo 50 años!, de que Watson y Crick descubrieron la estructura del ADN o DNA, como quieran los lectores llamarlo. Si les digo que las siglas significan ácido desoxirribonucleico quizá prefieran cambiar de lectura, porque esto promete ser un tedioso discurso técnico lleno de nombrecitos extraños. Si les digo sin embargo que el ADN es sencillamente el material de que están hechos los genes, es decir, los genes mismos, quizá su expresión se relaje un poco y me permitirán acompañarles unos renglones más.
Hace por tanto muy poco tiempo, poquísimo, que nuestra ciencia ha descubierto la sustancia que nos hace tal y como somos, las piezas que permiten construir el complejo recipiente que formamos cada uno de los individuos. Lejos de ser propietarios exclusivos de tan singular molécula, he de desilusionarles, o quizá al contrario, de darles la tremenda alegría de que todo ser vivo conocido comparte esta característica.
Da igual a qué reino se aproximen, desde las bacterias a los hongos, desde las plantas sin flores a los grandes árboles, desde el más insignificante insecto hasta la más grande de las ballenas, todos sin excepción llevan en su interior un legado en forma de molécula que les permite perpetuar su especie. Salvo excepción hecha de algunos virus, que portan una molécula hermana de la anterior, el ARN, todos los seres vivos conocidos somos uña y carne.
Esta conmemoración hace más difícil explicarles, aunque parezca paradójico, por qué entonces somos como somos, este mensaje conciliador en el que todos parecemos hermanados por nuestro ADN, "hermano lobo, hermano oso", como decía San Francisco de Asís , no es más que un vínculo bioquímico y biológico que no sirve de nada en nuestro paso diario por nuestro hogar esférico.
Desde el primer momento, desde la concepción, vivimos en el interior del útero materno, sin duda nuestro primer hogar. Pero no estamos en él por siempre, buscamos otros horizontes, otras necesidades, otros estímulos conscientes o no, que nos permitan seguir el camino.
A medida que crecemos, nuestro mundos particulares, el hogar, el primer olor, el primer sabor, el primer amigo, el primer colegio, la primera salida fuera de casa, la primera ciudad que visitamos, el primer amor, el primer pais, el primer dolor, el primer libro, el primer desengaño, el primer sueño, la primera ilusión, … todos ellos se agrandan y nos hacen más grandes, todos ellos hinchan nuestra mente como si fuera un globo, nuestras perspectivas se dilatan como una necesidad, somos más grandes, pero ¿somos mejores?, no lo sé, somos distintos.
Yo tengo la constante necesidad de notar ese crecimiento, y aunque vivimos en un mundo finito, esa maravillosa esfera llamada Tierra, ese hogar esférico que parece un oásis en el Universo, también se nos ha quedado pequeño en plural. Sólo 4 años después de descubrir la molécula que nos define, pudimos dar nuestros primeros pasos fuera de casa, en 1957 se ponía en órbita el primer satélite artificial. Que las primeras personas en visitar otro mundo tardasen sólo una década más, estaba casi cantado.
Este ánimo de expansión, es una especie de liberación conciliadora, necesitamos vencer ese temor claustrofóbico de los límites, de las fronteras, de los lindes que delimitan los territorios, las naciones, las supuestas patrias y los peores de todos, las ideologías extremas de un lado o del otro; en nombre de los clásicos, las derechas y las izquierdas. Que a mi tanto me tiene un lado como el otro, ya que uno parece estar entre Escila y Caribdis o en términos modernos elegir entre las brasas y el fuego.
En ese viaje expansivo he disfrutado de muchos lugares, París, Berlín (cuando todavía existían las dos Alemanias), Lisboa, Córdoba, Barcelona, Melbourne, Amsterdam, Madrid, Hamburgo, Bruselas y otros singulares lugares con historia propia.
Quedan tantos por visitar, tantos rostros por recorrer, tantas miradas que compartir, que me pregunto dónde estarán ahora todas las anónimas compañías que uno encuentra en los viajes, el cómico parisino con su nariz roja de payaso, la niña alemana con muletas y bucles de oro que daba de comer a un Ñandú, el aborigen de mirada perdida en Flinders Station, la exuberante vendedora de frutas en un día de mercado en Beverwijk, la preciosa niña oriental que compartía las minimalistas comidas en un vuelo desde Frankfurt a Singapur, el niño checo que nos saludaba en Berlín Este por la ventanilla del autobús, la puta que se exhibía en un escaparate en Amsterdam, el mimo que nos hipnotizaba con su inmovilidad calculada y su aspecto metálico en las Ramblas de Barcelona, …
Este pequeño hogar esférico se me hace infinito, cuando en mi niñez me asomaba en un pequeño patio a la más grande ventana que conozco, el cielo nocturno y estrellado, creía que el último horizonte estaba allá a lo lejos, en las lejanas estrellas. Creía en mi niñez que el mundo era demasiado pequeño para albergar mis sueños, ahora este mundo se me ha hecho demasiado grande.
A pesar de todo, el cielo nocturno siempre será un ideal, un amasijo de otros hogares esféricos como el nuestro, que nunca conoceremos, pero que con su ADN o sin él compartirán las mismas esperanzas.

Por: Mariano | Ciencia: Genética, Evolución, Biología y Universo | Comentarios (6) | Referencias (0)

Comentarios

Ya me tardaba leerte Mariano, felicidades, "creía en mi niñez que el mundo era demasiado pequeño..." :-) ¡cuántas cosas por compartir, por descubrir, por admirar..! Mil besitos

mirada | 27-03-2005 13:18:04

Soñar con la armonía del amor, soñar con la belleza de la tranquilidad, del sentirse parte de un todo, parte de este mundo que lucha por cambiar, que día a día se esfuerza en vivir en paz...
:-) Besos

mirada | 28-03-2005 10:37:06

¡Al fin se te lee nuevamente! ¡Una alegría!
Mira, yo de biología practicamente cero al as pero ADN sí que ya lo conocía ;-) Me siento realizada: una palabra que entiendo.

El mundo nunca es demasiado grande para albergar nuestros sueños ya que nuestros sueños los podemos forjar del tamñano que se nos ocurra. Si lo piensas así puedes labrar tus sueños mucho más grandes de lo que es el mundo y ya resuelves el intríngulis.

Te dejo un beso y mis últimas palabras antes de ser crucificada (ya comprenderás ;-)

Sandra | 28-03-2005 16:40:45

"pero ¿somos mejores? no lo sé, somos distintos" Ya había leído este relato, recuerdas? Pero no ha dejado de gustarme.

Que siga siendo siempre una alegría sabernos compartiendo un mismo hogar esférico!

Hasta pronto

Andrea

Me olvidaba, un amigo y yo hemos abierto un blog en el que pensábamos colgar algunos relatos y poesías. La idea surgió ayer, por lo que todavía es un embrión :) pero te hago partícipe del proyecto! Pásate por allí siempre que quieras http://mirapordonde.blogspot.com

Andrea | 29-03-2005 22:03:26

Interesante.
Ojalá que el ADN del amor se mimetice con sus moléculas.
Saludos

toshiro | 30-03-2005 20:07:10

adn...
mmhhh... sí conozco el caso, pero en fin.. esa parte del cerebro la tengo atrofiada..

elisa de cremona | 01-04-2005 20:05:23

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